jueves, 24 de septiembre de 2015

14/32 Ecos de los huecos de la educación

La ventaja de estar estudiando, a mis cincuenta y ocho años, dentro del marco de la carrera de educación, esta materia Análisis de la educación en México, es que yo ya tengo una historia que contar.

Mi historia, un sonido desde lejos
He enseñado en la UACJ desde 1997.  Mi gusto por compartir el conocimiento (enseñar-aprender) lo descubrí gracias a la oportunidad que tuve de aprender algo que yo escogí: el ancestral arte marcial interno chino, conocido como taichi o taiji. -"Dicen los maestros que para aprender tienes que enseñar" - me repetía mi maestro. Socarronamente les "traduzco" a mis alumnos: ustedes enseñen, al cabo que echando a perder se aprende.
 
Cuando niña, la verdad, yo nunca me imaginé querer ser maestra: los maestros tenían que predicar con el ejemplo y en todo momento guardar la compostura y las apariencias: era una vocación, eran pilares y ejemplo de la sociedad: discretas faldas, impecables blusas, trajes (de un extraño lustre) y corbatas, pulcros cabellos, discretos perfumes o lociones... y sí, el sadismo pedagógico, nunca a mi persona, pero a algunos compañeros, sobre todo los que no "eran muy inteligentes"... los maestros tenían que ser "estrictos".

Ciertamente me tocó el tiempo del academicismo, donde los maestros sabían todo y estaban suscritos a todo tipo de enciclopedias, donde había que memorizar diariamente y repetir al pie de la letra la lección, y a hacer planas y planas de caligrafía, de taquigrafía, de conjugaciones de verbos, de fórmulas, de mecanografía, de reglas de ortografía.


Todos los maestros, no importaba que materia impartieran, te exigían "sentarte derecho" (ahora yo y mi espalda se los agradecemos), traer limpios tus zapatos, lavarte las manos antes de trabajar, dejar limpio tu lugar de trabajo... y todos profesaban la ortografía.


Estudié una carrera comercial corta y empecé a trabajar a los catorce años, pero nunca dejé de estudiar. Claramente el maestro Nicolás nos lo había dicho: a la escuela vienen a aprender a pensar, a donde vayan casi no van a saber nada, van a tener que aprender.

La historia de mi educación: un gran hueco
Esa fue mi "formación de tres años", cuando estudié sabía que era para tener un trabajo, por lo tanto, esas materias eran indispensables, y salí completamente competente: escribiendo 100 palabras por minuto, tomando apuntes, haciendo balances y estados de pérdidas y ganancias, y la capacidad para seguir aprendiendo, pero... los otros ocho años anteriores?

Si me preguntan qué me hubiera gustado que me enseñaran en la escuela les diría que música, baile, teatro, pintura. Otras letras, otros sonidos (¿por qué nada más 29?). Me habría gustado tener a compañeritos que hablaran otra lengua (como la niña que era hija de la señora que hacía tortillas y hablan entre ellas); que me enseñaran mi ciudad para contestarme a las preguntas que todos los niños hacemos: ¿cómo meten la mermelada aquí?, ¿y el gas?, ¿de dónde viene el agua?, ¿quién hace los libros?, ¿de dónde sacan los ladrillos? ¿de dónde saca las verduras el señor del carrito? ¿dónde vive la vaca del señor que trae la leche? Y, qué tal fortalecernos psicomotrizmente con el nadar, patinar, andar en bicicleta.

Las nuevas reformas: zanjas más hondas
A través de la película (La controversia de Valladolid) que ilustra el momento en que se decide si los habitantes del Nuevo Mundo tienen alma y se les debe enseñar, queda claramente establecido que se trataba de abatir una cultura preexistente superponiendo otra. Había una intención de evangelizar a la gente para lograr por cualquier medio su sumisión. Aunado a eso, es menester hacerlos útiles a través de la enseñanza de oficios, ya que sólo algunos privilegiados eran preparados para puestos públicos. Había una clara intención de separar a la gente de su cultura.

Estos son tiempos en los que públicamente se presume de responder a las demandas sociales en contra de la discriminación, otorgando derechos y obligaciones a las escuelas para que se eduque para la inclusión, y la misma requiere de una sensibilización a través sobre todo de la interrelación con otras formas de expresión propias de otras culturas, ¿cómo pueden estar insistiendo en separar a la cultura de la educación, cuando lo que debería de estar pasando es que la diferencia entre una y otra se fuera diluyendo?

Sólo me queda esperar que mientras más socaven con sus Políticas Públicas, las voces reclamando rellenar esos huecos, más fuerte hagan eco.

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